Ecocidio en Topolobampo: la complicidad del gobierno y la crueldad del capitalismo

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Ciudad de México, 13 de septiembre de 2026

A pesar de que presumen escuchar al pueblo y ser de izquierda, el gobierno de Claudia Sheinbaum y Morena han dejado claro de qué lado están. Ratificaron que la planta de amoníaco de GPO en Topolobampo sigue adelante y no se cancela, usando el pretexto burocrático de que el proyecto ya tiene más del 95% de avance. Ese acuerdo entre el gobierno y la empresa suiza Proman es una bofetada.

Pueblos originarios de Topolobampo proetestan al exterior de la megaplanta de amoníaco de GPO, el 7 de junio.

Foto: Armando Quiroz (Cuartoscuro)

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El plantón del colectivo «¡Aquí No!» y de las comunidades mayo-yoremes en la bahía de Ohuira acaba de cumplir cien días de resistencia continua. Esa lucha ya llegó al Zócalo de la Ciudad de México. No es un asunto local: se trata de una de las plantas de químicos más grandes de América Latina, instalada en marismas, lagunas y manglares protegidos a nivel internacional (sitio Ramsar), de los que dependen casi cuatro mil pescadores de Ohuira, Lázaro Cárdenas y Paredones.

Este conflicto empezó formalmente en 2014 con permisos ambientales condicionados y lleva más de diez años de amparos y decisiones de la Suprema Corte. Lo que está pasando en la bahía de Ohuira muestra exactamente cómo opera el capitalismo de hoy: traslada la destrucción ambiental a los países del sur mientras prioriza el dinero de las empresas y las cadenas industriales por encima de la vida.

Y ocurre en un momento crítico. Los estudios científicos globales confirman que ya se cruzaron siete de los nueve límites planetarios: cambio climático, daño a la biosfera, uso de agua dulce y acidificación de los océanos, entre otros. La contaminación por gases de efecto invernadero alcanzó un récord de 56.800 millones de toneladas métricas de equivalente de CO₂, el dióxido de carbono en la atmósfera llegó a 425.6 ppm y la última década es la más calurosa de la historia registrada.

Frente a esta vulnerabilidad del planeta, la postura del gobierno de Morena es clara: los intereses de las empresas pesan más que la soberanía y el cuidado de la naturaleza. Aceptar una planta de químicos en un humedal protegido solo porque “ya está muy avanzada” destruye el discurso de que “el pueblo manda”. Ignorar años de lucha del pueblo mayo-yoreme convierte los derechos de las comunidades indígenas en un trámite falso de participación.

Aunque abrieron mesas de diálogo técnico, las comunidades y organizaciones como Greenpeace han dejado claro que participar no significa avalar la construcción. La resistencia permanente en los campamentos de Ohuira demuestra que, para quienes gobiernan, la crisis climática y la vida de las comunidades importan menos que las demandas de las grandes empresas.

Por eso, ahora que arranca la Conferencia Ecosocialista en Australia, hacemos un llamado urgente a la izquierda internacional y a todas las personas que estarán ahí: rompan el silencio, condenen este ecocidio con firmeza y exijan la cancelación definitiva y el cierre total de la planta de amoníaco en Topolobampo.

Defender la bahía de Ohuira y el territorio mayo-yoreme no es un problema local. Es una batalla central en la lucha mundial contra el sistema que está llevando al planeta a la destrucción. Proteger de verdad el medio ambiente exige solidaridad entre pueblos y acción directa. No hay otra forma.

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