
Socialistas Sin Fronteras, 3 de marzo de 2026
Denunciamos la agresión militar contra Irán como un capítulo más en la historia criminal del imperialismo estadounidense. Esta no es la guerra de un solo presidente, ni es un error de cálculo diplomático; es un proyecto de Estado llevado a cabo con la misma crueldad por LBJ, Nixon, Reagan, Clinton, Bush, Obama y Trump por igual. El bombardeo, el saqueo de recursos y el desprecio absoluto por la vida humana son las herramientas permanentes que Washington utiliza para sostener su hegemonía global. Rechazamos esta intervención por principios inalienables: el imperialismo no tiene derecho a decidir el destino de ninguna nación. Nuestra oposición es absoluta y no es negociable; incluso si el imperio pretendiera comprar nuestra conciencia con los mayores lujos —con sábanas de seda y cada necesidad cubierta—, esta guerra seguiría siendo un crimen intolerable. No aceptamos migajas del saqueo global a cambio de nuestro silencio mientras se aniquilan los derechos de otros pueblos.
Al mismo tiempo, nuestra lucha no concede ni una pizca de apoyo político al régimen de los Ayatolás. No defendemos a un Estado teocrático y capitalista que explota a sus trabajadores, oprime a las mujeres y aplasta las huelgas. Entendemos que la teocracia iraní teme más a una revolución obrera interna que a los misiles extranjeros. En realidad, nos enfrentamos a dos caras del mismo sistema capitalista global, que hoy revela sus rostros más crueles: en Irán, bajo la forma de una dictadura clerical que utiliza la religión para encadenar a su pueblo; y en Occidente, bajo la forma de una maquinaria de guerra genocida que, en alianza con el Estado sionista de Israel, arrasa regiones enteras para sostener sus mercados. Este sistema de sociedad no ofrece ninguna perspectiva de futuro y perdura únicamente a través del sufrimiento, la opresión y la muerte.
Por lo tanto, la única salida real es la acción independiente de la clase obrera mundial para barrer con este sistema y tomar el control del planeta. Aquí reside el núcleo de nuestra responsabilidad: como habitantes del corazón del imperio, no somos meros espectadores; somos, a nuestro pesar, el motor que sostiene la maquinaria de la muerte. Hacemos un llamado a todos los trabajadores estadounidenses a abrir los ojos y reconocer en el pueblo explotado de Irán a sus propios hermanos y hermanas de clase. Es hora de sacudirse el polvo de la indiferencia, romper la inercia de la comodidad y abandonar la pusilanimidad de quienes callan ante el horror. Sin embargo, nuestra indignación aislada no basta; la fuerza de nuestra clase reside en su capacidad para detener el mundo y reorganizarlo. La obligación histórica de desactivar la bomba recae sobre nosotros, los que estamos dentro de la bestia: llamamos a la creación de comités de acción en cada lugar de trabajo y centro de estudio para tomar la maquinaria de guerra en nuestras propias manos y destruirla desde dentro.
- ¡Cese inmediato de toda ayuda militar a Israel! Ni un centavo más para el ejecutor del genocidio y la ocupación.
- ¡Por el desarme unilateral de los Estados Unidos! Desmantelamiento total de la industria militar y sus bases globales. No tienen derecho a existir.
- ¡Control obrero sobre las decisiones internacionales! Que decidan los trabajadores en sus organizaciones de base, no los carniceros del Pentágono.
- ¡Huelga General para detener la maquinaria de guerra! Si las manos que producen se detienen, la guerra se detiene.
- ¡Por la revolución socialista en los EE. UU.! Para destruir el sistema que genera masacres y construir un mundo justo, equitativo, ecológico y libre de violencia.
SOCIALISTAS SIN FRONTERAS
