Por Berta Hernandez
San Francisco, California, 23 de Febrero de 2026

Tras la presión sostenida de la administración Trump, la presidenta Claudia Sheinbaum autorizó una operación militar de alto perfil para capturar a Nemesio Oseguera Cervantes (“El Mencho”), líder del cártel más poderoso del país. El gobierno estadounidense proporcionó la inteligencia para localizarlo y atacarlo el 22 de febrero. Esta acción ocurre bajo las repetidas amenazas de Trump de intervenir directamente en México mediante ataques con drones.
El enfoque de mano dura de Trump es hipócrita: en diciembre de 2025 indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, sentenciado a 45 años en una corte federal de EE. UU. por conspirar para traficar 400 toneladas de cocaína. El contraste es flagrante; aunque el fentanilo causa hoy una devastación mayor en EE. UU., para Trump la óptica es lo principal. La caída espectacular de un capo mexicano le otorga el mensaje público que busca sobre la crisis de opiáceos.
El domingo amaneció con el estruendo de bloqueos. En Tapalpa, Jalisco, la operación federal abatió al “Mencho”, pieza central en la simbiosis entre el crimen organizado y las fuerzas represivas del Estado. La respuesta fue inmediata: carreteras incendiadas, comercios en llamas y ciudades paralizadas en Jalisco, Michoacán y Guanajuato.
Mientras el humo de los narcobloqueos asfixia a millones de trabajadores, el PAN, PRI y PRD respaldan a la Presidenta, alineándose tras ella precisamente por la presión de Trump. Intentan ocultar que, junto a Morena, han sido colaboradores activos en sostener el modelo que destroza al país. No hay oposición real en la administración de la barbarie; existe un consenso de clase para mantener el orden que conviene a las cúpulas y satisface a Washington.
Esta crisis no es de gestión, sino el resultado de un sistema donde la frontera entre legalidad y crimen se ha disuelto. No presenciamos un Estado “fallido”, sino uno que opera mediante el intercambio institucionalizado de prebendas. Mandos militares y policiales administran territorios y obtienen beneficios por permitir la operatividad de ciertas facciones; los cárteles actúan como el brazo paramilitar para la represión social y el control territorial que las instituciones no pueden ejercer formalmente.
Dicha simbiosis alcanza el corazón económico. El dinero de la droga fluye hacia los sistemas bancario, inmobiliario y constructor, inyectando liquidez al capital cuando los mercados formales se estancan. El Estado no combate al narcotráfico porque es pieza clave de su columna vertebral económica. En esta maquinaria, todos los partidos empresariales —Morena, PAN, PRI, PRD, Verde y PT— son responsables y partícipes.
Desde la frontera, el imperialismo alimenta el fuego. Operaciones como “Rápido y Furioso” demostraron que agencias de EE. UU. inundaron México con armas para sus fines estratégicos. Hoy, Trump usa el caos para calificar a los cárteles de “terroristas” y justificar una invasión bajo la máscara de “seguridad”, buscando el control de recursos y la sumisión de México ante sus drones y botas.
La única salida requiere romper la lógica de guerra mediante la legalización total de las drogas, medida capaz de destruir las ganancias extraordinarias de las mafias y quitar al imperialismo su pretexto de invasión. Esto implica transformar el presupuesto militar en centros de rehabilitación gratuitos y educación científica que trate el consumo como salud pública y no como crimen.
La seguridad no vendrá de generales coludidos ni de partidos que administran el caos. La Autodefensa Obrera y Popular es la única garantía real contra la violencia y el abuso estatal. La salida de la barbarie sólo la construirá un Gobierno de los Trabajadores que no deba favores a empresarios ni generales, expropie el capital mafioso y expulse la intervención extranjera.
¿QUÉ HACEMOS CON LOS CARTELES?
Para acabar con las mafias no basta con “cortar cabezas” que el sistema reemplaza en horas; hay que destruir su base material:
- Expropiación de la Riqueza Mafiosa: Incautación inmediata de activos, empresas y tierras vinculadas al crimen y sus socios políticos. Estos recursos deben ser gestionados por Consejos de Trabajadores para salud, educación y vivienda.
- Fin al Monopolio de la Sangre: Legalización y regulación estatal para eliminar las ganancias que compran ejércitos y lealtades.
- Justicia y Autodefensa Popular: Formación de Tribunales Populares y fortalecimiento de Autodefensas Obreras y Campesinas. El pueblo organizado es la única barrera contra sicarios y generales.
- Solidaridad Internacionalista de Clase: Movilización de organizaciones internacionales de trabajadores y derechos humanos para bloquear envíos de armas, denunciar la intervención imperialista y exigir la libertad de presos políticos. La unidad obrera internacional romperá el cerco.
¡Fuera Trump y el Imperialismo de México!
¡Legalización total de las drogas para desarmar el negocio de la muerte!
¡Educación científica y salud contra el prohibicionismo y la alienación!
¡Por la organización independiente de los trabajadores y la autodefensa popular!
¡Por un Gobierno de los Trabajadores que rompa con el Narco-Estado y el Capital!
